El detective es el personaje central de la literatura policial. Es el que toma a su cargo el caso y lo resuelve; el que descifra el enigma, descubre al criminal y lo atrapa. Es el protagonista de la historia. Pero así como existen dos tipos básicos de relatos policiales, en cada uno, los detectives tienen sus características propias.
En el policial de enigma, el investigador es un personaje que puede ver más allá de todo y de todos: es inteligente y sagaz, es analítico y observador. Para él, el caso se presenta como un desafío, un reto. No saldrá a las calles a perseguir a nadie: escuchará testimonios, leerá los periódicos, examinará el lugar de los hechos buscando indicios. Es el jugador experto de los juegos de ingenio: le basta un cuarto cerrado y disponerse a pensar.
Un infaltable ayudante lo acompaña, una pareja que aporta la torpeza, la lentitud de pensamiento, pero que hace posible que el ingenio del detective brille. Este modelo de investigador (o investigador modelo) es Sherlock Holmes, siempre escoltado por Watson, en las narraciones de Arthur C. Doyle; es el padre Brown y su compañero Flambeau, en los relatos de Gilbert K. Chesterton; es Auguste Dupin, en los cuentos de Edgar Allan Poe.
En el policial negro, en cambio, el detective es parte de las calles, pertenece a ese mundo, lo conoce. Es el detective de la acción, el que persigue al delincuente, el que tropieza con la violencia y dispara; el que tarda en darse cuenta, el que se equivoca, el que se pierde, pero finalmente, a fuerza de recorrer callejones y encontrarse entremezclado en peleas, logra acceder a la verdad. Es Philip Marlowe de Raymond Chandler en Adiós muñeca o El largo adiós; es Sam Spade de Dashiell Hammett, en Cosecha roja o El halcón maltés.
Sherlock Holmes, según Conan Doyle
Estudio en Escarlata fue la primera novela en la que el personaje de Sherlock Holmes aparece. Fue publicada en 1887.
Así se describe al detective en sus primeras páginas:
“Su persona misma y su aspecto eran como para llamar la atención del observador más casual. En altura, sobrepasaba el metro ochenta y era tan excesivamente delgado que parecía ser mucho más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante, (…) su nariz delgada y aguileña daba a toda su expresión un aire de viveza y decisión. También su barbilla señalaba al hombre resuelto, por lo prominente y cuadrada. Aunque sus manos mostraban invariablemente borrones de tinta y estaban manchadas por productos químicos, poseían una delicadeza de tacto extraordinaria”.
Pero muchos otros autores describieron al conocidísimo Sherlock Holmes, porque siguió construyéndose en otros relatos, tal como nos lo presenta la siguiente infografía. Recórranla en detalle: ¿qué se cuenta? ¿cómo se presentan los datos?
¡Ahora les toca a ustedes!
Seleccionen alguno de los personajes que protagonizan los otros relatos que tienen en la entrada "Una breve historia del género policial". Tienen cuatro opciones, según demás relatos que allí tienen, relean los textos con atención en busca de esos datos sobre el detective que aquí pueden servirnos para presentar al detective.
Una vez que cuenten con esos datos, seleccionen o realicen imágenes, esquemas, cuadros para presentar la información en una infografía como la que aquí tiene de Sherlock Holmes. La realizarán en easi.ly, una página para crearlas, verán que es muy sencillo realizarlas.
Las producciones las publicarán en este muro de PADLET.

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