La intriga, la ansiedad propia de una intriga que pronto se va a develar, mantiene los ojos abiertos, la expectativa del lector en páginas que avanzan con rapidez, que se recorren con ansiedad. Hay un enigma, un crimen, un robo. Hay huellas, pistas y algunas claves. Hay cierta incertidumbre por comprender lo que se intuye de lejos, lo que se sospecha, por develar el desenlace de una trama que navega entre acertijos y persecuciones. Es el placer de la lectura de un género que supo hacer de la búsqueda del saber su motivo privilegiado: la literatura policial.
La inevitable sospecha, la búsqueda imprescindible: el origen del policial
Corre el siglo XIX. Las ciudades crecen y la población aumenta. Ya no se perciben individuos aislados, solitarios, sino grandes masas de personas que conviven, que se cruzan en las calles, que se entremezclan en un transporte público, en la intersección de dos avenidas, de dos calles, en una esquina. Cada uno apenas conoce a unas pocas personas que habitan su ciudad; el resto es una cantidad asombrosa de desconocidos, de extraños que circulan a la par, al lado. Cualquiera, entonces, puede escabullirse entre otros sin ser reconocido, cualquiera puede buscar la protección que supone entreverarse en una muchedumbre; cualquiera deja sus huellas al caminar. Desde el siglo XIX, en una ciudad, cualquiera es sospechoso.
Pero, también, deambulando en las mismas calles, alguien observa. Pasea, se deja capturar por la multitud, se entrega a ella a ojos abiertos. Mira a las personas, se detiene en los detalles, hasta en los más pequeños, los que parecen insignificantes. Observa las huellas que algunos dejan al caminar y los persigue. El camino parece trazado por otro, pero a él le corresponde averiguar de qué se trata. Frente a los múltiples sospechosos posibles, uno, sólo uno, descubre al culpable, devela la verdad.

Desde el siglo XIX, una ciudad es un escenario donde los enigmas son posibles. El delito se convierte en el tema; la muerte, el asesinato, en un conflicto a resolver: se asiste al origen del relato policial.
El anonimato y la multitud, el sospechoso y el culpable, la búsqueda y el hallazgo, el crimen y la resolución, la intriga y la verdad: el relato policial se entrama a partir de esas palabras, las asume y construye historias, crónicas, películas; escribe cuentos y novelas: produce literatura.
Comentarios
Publicar un comentario