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Una breve historia del género policial

Tres cuentos del escritor norteamericano Edgar Allan Poe fundan el género policial: “Los crímenes de la calle Morgue”, “El misterio de Marie Roget” y “La carta robada”. Los tres se publicaron entre 1841 y 1843, y como la mayoría de los relatos del género, los lectores podían acceder a ellos a través de revistas de gran tirada o en ediciones económicas. Tan amplia fue la difusión en un público ávido e interesado por seguir esas historias, que pronto comenzó a considerarse al género como “literatura de masas” o “literatura popular”.    

Si bien hasta ese momento existían historias que narraban un crimen, un robo u otro delito, aparece por primera vez el personaje del detective. El conflicto narrativo, ese desequilibrio inicial que todo relato ofrece, se presenta en estos cuentos como un caso a resolver: alguien ha cometido un delito –generalmente, un asesinato– y se ignora quién es el culpable. El caso, entonces, queda en manos de un investigador, un detective; la ciudad, con sus multitudes, será el escenario de los hechos.                                                                                                                                                                                                                         Al norteamericano Poe, lo sucederán los escritores ingleses Arthur Conan Doyle (1859-1930), con la novela Un estudio en escarlata (1887) y las famosas Aventuras de Sherlock Holmes; Gilbert K. Chesterton (1874-1936), con los cuentos de la serie El candor del Padre Brown y Agatha Christie (1891-1976). Estos cuentos y novelas serán reconocidas como un tipo específico dentro del género: el policial de enigma.  



Durante el siglo XX, más precisamente en la década del ’30, en los EE.UU., tiene lugar una crisis económica, producida por la caída de la bolsa de Wall Street. En el marco de esa crisis, se suceden una serie de huelgas y aumenta la desocupación. Crece la corrupción y aparecen los matones y los gánsteres. El crimen se convierte en un negocio, pues permite obtener importantes ganancias con rapidez y el delito se organiza en grupos mafiosos o bandas que obedecen a un jefe. La ciudad se ha convertido en un sitio hostil, la violencia rueda por las calles y el detective se sumerge en ellas. En ese contexto, los escritores relatan historias que denuncian esa realidad, muestran los hechos y los valores que caracterizan esa sociedad y la critican. Surge, entonces, un nuevo tipo de relato: el policial negro. El cuento “Los asesinos”, del norteamericano Ernst Hemingway se considera el inicio de este nuevo género. Otros autores de novelas y cuentos, comprendidos dentro del policial negro, son Dashiell Hammett (1894-1961) y Raymond Chandler (1888-1959).     

En nuestro país, hasta las décadas del 40 y 50, la literatura policial goza de poco prestigio: se la relega como una literatura menor, consumida en su mayoría por lectores de clases populares. En 1945, cuando Jorge L. Borges y Adolfo Bioy Casares fundan la Colección El Séptimo Círculo, comienza a difundirse el género, centrándose en el policial de enigma. La primera antología de autores locales fue compilada en 1953 por el escritor Rodolfo Walsh: Diez cuentos policiales argentinos.

Sigamos conociendo las características del relato policial con el siguiente video del Canal Encuentro.

  

Ahora te toca a vos: 

¿Qué tal si tomamos apuntes sobre las características de los relatos policiales? Descargá CMapTools en tu computadora y hacé una red conceptual. Luego compatila en formato JPG en PADLET.



¿Qué mejor para conocer el relato policial que leerlo? 


Acá encontrarán cuentos y cortos que te invitamos a leer.

"La carta robada" de Edgar Allan Poe
"Un caso de identidad" de Arthur Conan Doyle
"Los asesinos" de Ernst Hemingway
"La pesca" de Velmiro Ayala Gauna
"Simbiosis" de Rodolfo Walsh
"El hipnotizador" de Pablo de Santis y Juan Sáenz Valiente (cómic)
"El Paseo de Maltecci (un corto policial)" de Guillermo Grillo 

En clase iremos avanzando en las lecturas y análisis, pero si les surgen dudas mientras leen y quieren preguntar acá, adelante. ¡Nos leemos!


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